Las redes sociales prometían unirnos, pero cada vez más jóvenes se sienten aislados detrás de sus pantallas. Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Córdoba reveló que 7 de cada 10 adolescentes comparan su vida con lo que ven en Instagram, generando sentimientos de frustración y baja autoestima.
“Publicamos para ser vistos, no para ser escuchados”, resume el sociólogo Leandro Ruiz. La constante necesidad de validación mediante “me gusta” y comentarios positivos se convirtió en una fuente de ansiedad, especialmente entre quienes buscan construir su identidad en el mundo digital.
Mientras tanto, psicopedagogos y docentes recomiendan educar en el uso consciente de las redes, fomentando espacios de encuentro reales y actividades fuera de la pantalla.