En distintas ciudades del país, los vecinos se organizan para resolver lo que el Estado no alcanza: desde arreglar plazas hasta sostener comedores o crear cooperativas de trabajo.
En Rosario, un grupo de jóvenes transformó un terreno baldío en una huerta comunitaria. En Córdoba, una red de mujeres mantiene limpio y seguro su barrio. En el conurbano, las cooperativas barriales ofrecen trabajo y dignidad.
“La fuerza está en la unión”, dicen quienes día a día sostienen estos espacios. Son historias pequeñas, pero poderosas, que demuestran que la organización colectiva puede encender esperanza incluso en los contextos más difíciles.